Diversos estudios han demostrado que las actividades y juegos cooperativos pueden promover conductas cooperativas y prosociales en los niños, a veces de manera que se generalizan a otras actividades (p. ej., Foster, Behrens, Jager y Dzewaltowski, 2010; Garaigordobil, 2008; Garaigordobil, Maganto y Etxeberria, 1996). ; Orlick, 1981).
Es decir el juego, no sólo fomentará el aprendizaje, si no que incide en toda la conducta del niño, de hecho crea experiencias significativas, las cuales son fundamentales para lograr un aprendizaje significativo que fomente sus competencias.
